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sábado, 9 de noviembre de 2013

Rastros de la Junta Superior de Medicina (1804) en el mercadillo de la Plaza Mayor de Ourense


Rastrillo primer domingo de mes , Plaza Mayor de Ourense. Noviembre de 2013.(Arch. Diario de un Médico de Guardia, noviembre 2013)

Dibujo de la Plaza Mayor de Ourense, por Isabel Seidell
http://isabell-seidel.blogspot.com.es/2011/11/oktober-sketchcrawl-15102011-33.html

Rastrillo primer domingo de mes , Plaza Mayor de Ourense. Noviembre de 2013.(Arch. Diario de un Médico de Guardia, noviembre 2013)


En una visita dominical al siempre interesante mercadillo-rastrillo de antigüedades que cada primer domingo de mes se celebra en la Plaza Mayor de Ourense pudimos adquirir hace unos días un interesante documento médico del año 1804. 

 "Real Cédula de S.M. y señores del Consejo por la qual se manda formar una Junta superior de medicina que vele sobre esta enseñanzasus progresos y profesores, baxo las reglas que se expresan. Año 1804. Reimpresa en Santiago por Don Ignacio Aguayo. Impresor del Real Acuerdo, Intendencia y Rentas".  


 "Real Cédula de S.M. y señores del Consejo por la qual se manda formar una Junta superior de medicina que vele sobre esta enseñanzasus progresos y profesores, baxo las reglas que se expresan. Año 1804. Reimpresa en Santiago por Don Ignacio Aguayo. Impresor del Real Acuerdo, Intendencia y Rentas".   (Arch. Diario de un Médico de Guardia, noviembre 2013)

Esta cédula fue reimpresa en Santiago (en la imprenta de Ignacio Aguayo, un impresor compostelano de ideología absolutista) para que dicha Real Cédula se diese a conocer a todos los Gobernadores,Corregidores, Alcaldes y Justicias mayores de los pueblos de Galicia. 

Ya en otra entrada del blog hicimos alguna referencia a la Junta Suprema de Sanidad del año 1804 a raíz de una amenaza de epidemia en  la ciudad de Ourense. Esta Junta, que se crea en febrero de 1804 estaba compuesta por cinco médicos de la Real Cámara. También se conoció como Junta Superior de Medicina o como Real Junta Superior Gubernativa de Medicina.

La creación de esta Junta, durante el reinado de Carlos IV, supuso la abolición del Protomedicato, que será luego restablecido por las Cortes de Cádiz en 1811. 


File:Carlos IV de rojo.jpg
Retrato de Carlos IV, por Francisco de Goya (c.1789). Óleo sobre lienzo, 127 cm x 94 cm, Museo del Prado (Madrid).http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_IV_de_Espa%C3%B1a
Plaza Mayor Ourense (primeros años siglo XX)

lunes, 30 de enero de 2012

Ciudad e higiene/salud pública: Ourense,1894

Ofrecemos a los lectores del blog el texto completo de una Memoria sobre el estado sanitario de la ciudad de Ourense en 1894
Esta Memoria fue presentada a la Junta Municipal de Sanidad en mayo de ese año. Esta iniciativa había partido del Ministerio de Gobernación, el cual deseaba conocer el estado sanitario de las principales poblaciones españolas. Recordemos que todavía epidemias como las del cólera (hubo una muy grave en 1885), la viruela, etc... azotaban periódicamente a las ciudades y pueblos de toda la geografía española.
El Ministerio de Gobernación mediante una Real Orden (ORDEN DE 20 de MARZO DE 1894) que se publica en el Boletín Oficial de la Provincia (BOP nº226,  24-3-1894) traza una hoja de ruta para la elaboración de la memoria, en la que detalla aspectos a analizar, condiciones, plazos de elaboración y fechas de presentación ante las Juntas Municipales y Gobernador Civil. Dicha Memoria debía de ser "metódica, clara y lo más concisa posible". En la misma se deben dar respuesta a una serie de preguntas o apartados. Se detallaba además en la Real Orden qué tipo de personas o profesionales debían de ser los responsables de elaborarla: uno debía ser un facultativo de la clase médico o farmacéutico y el otro un arquitecto ("o en su defecto, un maestro de obras con título"). Ambos debían de ser "peritos en la ciencia de la higiene y conocedores de la localidad de la que ocupe aquel trabajo".


BOP Ourense nº226,  24-3-1894 
La memoria de Ourense fue elaborada con fecha 26 de Abril de 1894 por José Antonio Queralt Rauret (arquitecto municipal) y por Ricardo Nóvoa. Respecto a Ricardo Nóvoa, pensamos que era el alcalde de la ciudad (no lo detalla la memoria), ya que hubo un alcalde con igual nombre entre 1891-1894. A su vez un médico con igual nombre ejercía al menos desde 1885 en la ciudad - residía en la Plaza del Trigo-. Pensamos que era médico y alcalde de la ciudad, pero a ver si algún lector nos saca de la duda.
La memoria fue aprobada por la Junta Municipal de Sanidad en sesión de 5 de Mayo de 1894. En la misma se ofrece una interesantísima visión de conjunto de la ciudad, a modo de crónica breve del estado higiénico-sanitario de la misma. 
Para Somoza Medina (2001) el Ourense del siglo XIX termina en 1895. En ese año se produce un hecho que va a ser clave en la historia de la ciudad: la llegada del alumbrado eléctrico. Este historiador considera que comienza entonces un nuevo período en el cual se van a dar todas una serie de mejoras y estructuraciones socioeconómicas que van a producir un salto hacia la modernización de la ciudad. Será desde 1895 hasta 1918 (el año de la epidemia de gripe de 1918-9). Así, en el año 1894, momento en el que se elabora la memoria, estamos a las puertas de concluir el período del Ourense decimonónico, el Ourense del siglo XIX (1800-1895). 


La fuente de donde la hemos extraído es del Archivo Municipal de Ourense, en el Fondo dedicado a Beneficencia. Este texto ya fue publicado como Anexo en el libro de David Simón titulado "Locura, medicina, sociedad: Ourense (1875-1975)"( 2005, Ourense: Xunta de Galicia. descargar).


Vista de la ciudad de Ourense en 1887.
Foto tomada en el AHPOU, grabado de "La Ilustración Española y Americana, 30-9-1887.
Colección de Diario de un medico de guardia
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MEMORIA  PARA LA JUNTA MUNICIPAL DE SANIDAD DE ORENSE, 1894 (EN BASE A LA REAL  ORDEN DE 20 de MARZO DE 1894, BOP nº226,  24-3-1894)

“ A LA JUNTA MUNICIPAL DE SANIDAD DE ORENSE


La Comisión que suscribe, cumpliendo gustosa el encargo que esa Junta ha tenido a bien hacerle, para redactar una memoria sobre los distintos puntos que abarca la Real Orden circular del Ministerio de Gobernación, de 20 de marzo del presente año, inserta en el Boletín Oficial de la Provincia nº 226, tiene el honor de cumplir su cometido, haciendo antes constar que las deficiencias que en la misma puedan observarse son hijas de la carencia de conocimientos en los individuos que la constituyen; pero nunca podrán  atribuirse a faltar de buen deseo en el desempeño del cargo que se les ha confiado.

El primer punto de la regla 2ª de dicha circular dice:


1º”Causas que directa o indirectamente contribuyen a perjudicar la salud pública en la respectiva población  y en aquellas del mismo distrito de igual o mayor vecindario que la capital del partido; enfermedades más comunes y frecuentes, y por último, epidemias que hayan existido en el último quinquenio, su duración, fuerza expansiva y difusiva”.
Por lo que respecta a esta Capital, las condiciones higiénicas son bastantes buenas, debido sin duda a sus situación topográfica y el aseo de sus calles, embaldosadas en su mayor parte, anchas y relativamente espaciosas; únicamente se nota todavía en muy determinados barrios alguna negligencia que paulatinamente va desapareciendo en virtud de los repetidos bandos de la Autoridad local de la existencia de algunos zaguanes y cuadras en que, los vecinos se dedican a la crianza de ganado de cerdo y aves de corral; focos de infección que en época no lejana habían desaparecido con sólo insistir en el cumplimiento de las Ordenanzas municipales. En algunos pueblos que constituyen el partido se observa todavía la inveterada costumbre que va desapareciendo, de depositar los estiércoles en la vía pública o en partes cercanas a la misma.
Las enfermedades más comunes y frecuentes son generalmente de carácter esporádico, presentándose con mayor frecuencia aquellas que responden a una infección del aire y de las aguas (fiebres tifoideas y fiebres gástricas de carácter tífico).
La viruela, enfermedad que debiera haber desaparecido de la literatura médica desde el momento  en que puede esgrimirse contra ella como medio preventivo la vacuna, hace también sus estragos en determinadas épocas por la incuria y falta de aislamiento en los atacados y por el abandono de la vacunación y revacunación.
En el último quinquenio las epidemias que han existido fueron más bien pandemias, cuya fuerza expansiva y difusiva se ha limitado a focos muy reducidos, que pudieron combatirse fácilmente por ser en general de carácter benigno, concretándose al cuadro noxólogico predicho y también a la gripe o influenzae.


2º “Causas probables ó ciertas a que se debe la iniciación y propagación de las enfermedades y epidemias aludidas, y qué medidas de higiene pública y privada deberán adoptarse para evitarlas o atenderlas, expresando las disposiciones de carácter práctico y de posible realización que pudieran llevarse a cabo para conseguir disminuya la mortalidad”.
Como causas probables de las enfermedades y epidemias aludidas, por ser éstas por lo general de carácter benigno, debemos procurar la desaparición de todas las que puedan contribuir a su desarrollo; y por lo que respecta a la Capital, debemos apuntar que se hace necesario el alejamiento del Cementerio general, situado a pocos metros de las últimas casas de la población, y adosado al Cuartel donde se aloja la guarnición de la plaza: la necesidad de terminar la red de alcantarillado general de la Ciudad que el Excmo. Ayuntamiento va  realizando poco a poco por haberle sido denegada la autorización para enagenar una lámina que posee del 80% de propios, con cuyo producto aspiraba a realizarlo en pocos meses.
Es indispensable concluir pronto la red de alcantarillas para poder hacer desaparecer por completo todas las cloacas ó pozos negros, y los depósitos más o menos permanentes de aguas sucias, como los caños o albañales que las conducen y extienden para ser absorbidas dentro de algunos terrenos, huertas o viñas de propiedad particular.
Y como complemento del alcantarillado no debe olvidarse la construcción de una alcantarilla general colectora por la orilla derecha del río Barbaña, la cual reuniendo las inmundicias procedentes de las alcantarillas de la Ciudad, evitaría que se detuviesen o encharcasen, evaporándose y desprendiendo miasmas, entre las piedras y baches naturales de este río, seco o casi seco en el estío; y al contrario de lo que actualmente sucede, haría que todas las inmundicias bien encauzadas y reunidas juntamente con las aguas sobrantes del Canal y de las Burgas corrieran oculta y rápidamente a desaguar en el Miño, lejos de la población al Oeste de la Alameda de los Remedios.
En los barrios exteriores o pueblos rurales de este Ayuntamiento conviene continuar obligando cada vez más a los vecinos de tener mucho cuidado y limpieza de los caminos o calles inmediatas a las fuentes, lavaderos y habitaciones, a fin de evitar que se encharquen las aguas llovedizas o procedentes de manantiales, y mezclándose con basuras y aguas de fregaderos, se corrompan y apestan como por desgracia sucede frecuentemente.
Debería además hacer la Alcaldía en tiempo oportuno cumplir el párrafo segundo del artículo 115 de las Ordenanzas Municipales que obliga a blanquear con llana de mortero y cal todas las edificaciones de esta Ciudad, y su término municipal, cuyos paramentos no sean de sillería construida a hilada, siendo obligación de los propietarios blanquearlas cuando menos cada dos años.


3º “Idea general del estado higiénico de la población o poblaciones de que trate cada memoria respecto de los particulares que siguen:


A.- Escuelas, mercados, mataderos, industrias, sean o no consideradas como nocivas dentro de poblado, cárceles, cementerios, cuarteles, teatros y cuanto se refiera a Policía urbana en general”.
En todos los pueblos de este partido hay escuelas elementales de instrucción primaria sufragadas por los Ayuntamientos respectivos, y a las cuales concurren el mayor número posible de niños de ambos sexos. En la Capital, existen además escuelas prácticas, normales y una de Artes y Oficios recientemente creada. Procúrase en todas ellas observar debidamente las reglas higiénicas aconsejadas por la Pedagogía y no ofreciendo género alguno de duda que el adelantamiento y cultura moral del pueblo se debe en primer término al perfecto planteamiento de estos centros de instrucción. Convendría a ser posible, a fin de que estuvieran mejor servidos todos los barrios aislados, mejorar la situación de alguna de las escuelas actuales, y buscar local más amplio y adecuado para otras.
La Ciudad carece de una plaza de mercado que se intenta construir; y es indudable que, en el momento que ésta mejora se realice, la higiene pública habrá ganado algún tanto, por cuanto habrán desaparecido esos focos aislados (tablajerías, pescaderías, puestos de fruta, etc...), sobre las cuales se procura hoy ejercer una vigilancia perfecta; mas, indudablemente había de completarse el día en que reunidos en un centro común, la Comisión inspectora de Abastos pueda cumplir con su cometido de un modo fácil y hacedero.
También hay el proyecto de construir un matadero, en situación más a propósito a la que actualmente ocupa: el cual, por hallarse en un punto demasiado bajo y próximo a las fuentes termales de las Burgas, no satisface las condiciones necesarias en esta clase de establecimientos y el oreo no puede ser completo ya por su situación, ya también porque cargada la atmósfera de vapores acuosos, las carnes lejos de secarse, se hinchan y aumentan en peso.
Igualmente el Ayuntamiento vigila con asiduidad para hacer desaparecer los depósitos de pieles que antiguamente se hacían en determinados puntos de la Ciudad con detrimento de la salud pública.
Las Cárceles no satisfacen por completo las exigencias de los recientes adelantos penitenciarios, efecto de la escasez de recursos que impide el satisfacer esta necesidad.
Va desapareciendo paulatinamente la terrible costumbre de inhumar los cadáveres en los atrios de las iglesias y celebrar los funerales de cuerpo presente a las puertas de las mismas, punto sobre el cual, deben insistir las Autoridades hasta desarraigar esta práctica proscripta para la higiene.
Carecemos de cuarteles porque el único existente se halla amenazando ruina, y si bien se proyecta la construcción de otro nuevo o la restauración del existente de San Francisco en esta Ciudad, habrá de tenerse presente siempre el separar del mismo, como queda anunciado, la proximidad del Cementerio actual.
El único teatro existente en la Capital no reúne tampoco las condiciones exigidas y conviene modificarlo en todo lo posible.


b.- Obreros y pobres, su alimentación y viviendas
Es una gran ventaja sanitaria el que muchos o la mayor parte de los obreros vivan en las afueras de la ciudad.
Las corrientes de emigración iniciadas hace algunos años hacia las Américas han hecho desaparecer en gran parte multitud de obreros, deseosos de encontrar en aquellas regiones la subsistencia de ellos y sus familias, que aquí seguramente no conseguían; y en vano se esfuerzan las corporaciones populares en realizar obras públicas, que el Estado debiera proteger y aumentar a fin de aminorar aquellas. Los braceros son arrastrados también por ilusorias esperanzas y unos y otros huyen de la miseria para mejorar su fortuna, con grave perjuicio de las industrias y la agricultura. La alimentación es excesivamente vegetal (legumbres, tubérculos, etc...) y las viviendas, chozas reducidas e insanas, vivificadas únicamente por el aire que las rodea por todas partes.


c.- Abastecimiento de aguas
En la Capital se ha realizado hace algunos años por el Municipio una importantísima mejora, es esta: la canalización del río Loña que surte de abundantes aguas a la Ciudad. A pesar de esto no debe descuidarse la conservación y arreglo de las antiguas fuentes y hasta es conveniente y se hace necesario renovar en gran parte alguna de sus cañerías especialmente las de la Fuente Nueva y de la Plazuela del Hierro.


d.- Desagüe y alcantarillado
Pocas son las calles de la Ciudad que carecen de alcantarillado, y a fin de completarlo consigna anualmente el Excmo. Ayuntamiento las cantidades que la penuria del erario municipal le permite para poder alcanzar esta importante mejora. El desagüe del mismo tiene lugar en la margen derecha del río Barbaña, el cual, como dejamos dicho, necesita un alcantarilla colectora a fin de que las materias excrementicias no corran al descubierto disueltas y mezcladas con las aguas del expresado río.


e.- Parques y plantaciones de arbolado
Nótase en la ciudad la carencia de parques, plazuelas y jardines, verdaderos almacenes de aire oxigenado que tanto contribuyen al saneamiento de las poblaciones, y conviene excitar el celo del Municipio para que haciendo desaparecer algunos barrios, manzanas o cuadras de viejos edificios, se aumente la circulación de aire atmosférico y se mejore a la vez el aspecto de la población.


f.- Desecación de pantanos y lagunas
Ni en la ciudad ni en sus alrededores existen pantanos y lagunas que merezcan el nombre de tales.
Podría tal vez asimilarse a un pantano o laguna el mencionado encharcamiento que experimentan en verano las escasas aguas del río Barbaña enlodadas y corrompidas con las inmundicias que le aportan las actuales alcantarillas; pero ya queda indicado la manera de evitar completamente sus malos efectos por medio de la alcantarilla colectora general.


g.-Servicio general y gratuito de vacunación, laboratorios bactereológicos, Asilos  y Casas de Beneficencia, Hospitales oficiales y particulares, Casas de socorro y asistencia domicilio.
Hace algunos años que se ha establecido en esta Capital un Instituto de Vacunación, iniciado  por el ColegioMédico-farmacéutico y continuado después por los distinguidos profesores Sres. Quesada y Rivera. La Excma. Diputación provincial y el Excmo. Ayuntamiento subvencionaron en parte por algún tiempo los gastos de dicho Instituto. Hace dos o tres años que el Municipio no contribuye con cantidad alguna para el indicado objeto, por haber encargado de dicho servicio a los Médicos Titulares.
Este ramo importante de la higiene pública debiera mirarse con atención predilecta por los Gobiernos, teniendo en cuenta que la mortalidad ocasionada por la viruela alcanza todavía una cifra, que debiera ser negativa si este poderoso medio preservativo se llevase a la categoría de gratuito y obligatorio.
Laboratorios bactereológicos: no existe ninguno en este Ayuntamiento.
Asilos y Casas de Beneficencia: existe uno sostenido por la Diputación Provincial, que bien pudiera completarse en la forma y modo en que se hallaba instituido hace algunos años. Hoy día se halla limitado a una Casa Inclusa en donde se lactan los recién nacidos depositados en el torno, entregándolos incontinenti a nodrizas mercenarias que se encargan de su cuidado por un período de tiempo más o menos largo. Esas criaturas para las cuales la provincia debiera velar mejorando su educación física e intelectual quedan abandonadas al cariño de sus madres adoptivas.
Hospitales particulares no los hay, y oficiales existe uno sostenido también por la Excma. Diputación Provincial, que reúne hoy por hoy  todas las condiciones apetecibles.
Hace tiempo germina en el seno de la Corporación municipal la idea de la creación de una Casa Socorro para atender al pronto auxilio de los heridos y enfermos en la vía pública; y creemos que la escasez de fondos había sido la causa de no haber llevado a efecto hasta ahora la implantación de este importante servicio.
La asistencia domiciliaria se verifica con inmejorable regularidad por los Médicos Municipales notándose tan solo una deficiencia en este servicio, a saber: que los pobres enfermos necesitan además de la asistencia facultativa y medicinas, una alimentación que complemente el tratamiento higiénico terapéutico, sobre cuyo particular llamamos la atención del Gobierno de su S.M..
Creemos haber cumplido en la medida de nuestras fuerzas el encargo con que esa Junta nos ha honrado, y confiamos en que la ilustración de las personas que la componen sabrá suplir las deficiencias que se observen en este desaliñado trabajo.
 En Orense, 26 de Abril de 1894.
 Firmado: Ricardo Nóvoa y José A. Queralt."
(Es aprobado por la Junta Municipal en sesión de 5 de Mayo de 1894).


Fuente: ARCHIVO MUNICIPAL DE Ourense. CAJAs Beneficencia. “Memoria 1894”.
Este texto ya ha sido publicado en el libro de David Simón (2005): "Locura, medicina, sociedad: Ourense (1875-1975), Ourense: Xunta de Galicia.



Vista del antiguo Hospital Provincial de As Mercedes . Era el hospital de la ciudad en 1894.

Sello del Colegio Médico-Farmacéutico de Ourense. AMOU.

lunes, 16 de enero de 2012

De guardia con la Junta de Sanidad en la "Porta da Aira" (Ourense, 1804)

El miedo al contagio, y más concretamente a la importación de la peste negra (peste bubónica) o la fiebre amarilla, llevó a la ciudades españolas, y también a Ourense, a adoptar medidas preventivas desde 1800. 


Víctima del cólera."Cholera in Paris".Grabado de Honoré Daumier, 1840. Tomado de http://xcosta.arq.br/HUM_bcn1999/txt/archivos/I_2_Ciudad%20y%20Miasmas.htm

Señala Bonastra (2006) que el lento ocaso de la peste bubónica (la temible peste negra medieval) "en Europa coincidió con la aparición de otra enfermedad altamente mortífera: la fiebre amarilla. Ésta fue importada desde el oeste africano hacia América gracias al comercio de esclavos y, con gran rapidez, se hizo endémica en las zonas templadas de todo el continente. La fiebre amarilla arribó a Europa por mediación de los barcos que llegaban de América. En España, por ejemplo, apareció en Cádiz en 1730-31 y, en Málaga, en 1741. De todos modos no atacó a los países templados de Europa de una manera constante hasta principios del siglo XIX. Para los hermanos Peset Reig, esta enfermedad en España “proviene del comercio con Indias y de una mala organización sanitaria, que no podía evitar el contrabando y los descuidos sanitarios”.


CORDÓN SANITARIO EN LA CIUDAD DE OURENSE, OCTUBRE DE 1804

La Junta de Sanidad de Ourense nombra a finales de octubre de 1804 una serie personas para que hagan guardias en 4 puertas de la ciudad que han dejado de tener libre entrada "a consecuencia de las órdenes superiores comunicadas con motivos de la peste que se  padece en la ciudad de Málaga, Vélez, Antequera y otros pueblos del Reino". 

Guardias en las puertas de la ciudad, Junta de Sanidad de Orense, 1804.
Cajas Beneficencia, AMOU, ARQUIVO MUNICIPAL DE OURENSE.


Estas órdenes superiores a las que se refiere la Junta de Sanidad local venían del Conde de Montarco, que presidía la Junta Suprema de Sanidad del Reino. El Conde de Montarco  envía el 11 de octubre de 1804 al Corregidor de Orense una misiva en donde se dan indicaciones respecto a actuaciones y castigos contundentes que incluían la pena de muerte. Así, se ordena que "toda persona de cualquier clase o condición que sea, que extraiga de Alicante, Cartagena o cualquier pueblo acordonado, algunos bienes o efectos sea por mar o por tierra sin previa intervención y expresa licencia por escrito de la Junta de Sanidad del mismo pueblo, sufra irremisiblemente la pena de muerte en el mismo sitio por donde los haya extraído para justo castigo suyo, y ejemplo de los demás".

Carta de la Junta Suprema de Sanidad al Corregidor de Orense, octubre de 1804.
Cajas Beneficencia, AMOU.ARQUIVO MUNICIPAL DE OURENSE

La peste a que se refieren fue una grave epidemia de fiebre amarilla que afectó a las localidades citadas en septiembre de 1804. Esta epidemia y otras que asolaron Andalucía en esos años fue analizada por el médico liberal José Manuel Aréjula en su libro "Breve descripción dela fiebre amarilla padecida en Cádiz y pueblos comarcanos en 1800, en Medinasidonia en 1801, en Málaga en 1803, y en esta misma plaza y varias otras del Reyno" (1806).
Volviendo al Ourense de 1804, señalar que en cada turno de guardia de las puertas de la ciudad hay 3-4 personas nombradas para velar cada una de las puertas de la ciudad, y siempre incluye un soldado en cada una de ellas. Hay notables de la ciudad entre los guardianes: Sr. Correxidor, Marqués de Valladares, el Deán..., y luego labradores, comerciantes. 
Las puertas de la ciudad de Ourense que refleja este documento de 1804  son: Huerta del Concejo, Santo Domingo, San Francisco y Puerta de Aira.

Dibujo de la Porta da Aira. Ourense. Tomado de  Ourensenotempo  

De la denominada Puerta de Aira, o Porta da Aira, aún quedan unos mínimos restos situados en una fachada al comienzo de la rúa Xulio Prieto Nespereira y haciendo esquina al Posío. Según nos cuentan en el blog amigo Ourensenotempo, en 1837 se toma la decisión de eliminar las puertas que quedaban en la ciudad  porque “si en outra época pudieron ser útiles, hoy impiden la franca ventilación”. Desconocemos si hay otras imágenes de las otras puertas de la ciudad en las que se organizaron estos turnos de guardia.

LAS JUNTAS DE SANIDAD EN 1804
Y es que desde inicios del siglo XIX la opinión médica adquirió una importancia creciente y asumió un papel cada vez mayor en la sociedad como asesora de las autoridades gubernativas en la elección de las medidas preventivas. La infraestructura higiénico-sanitaria a principios del siglo XIX, era por otra parte, muy deficiente. 
Según refiere Pascual (2002) en un interesante trabajo publicado en Asclepio, “la máxima autoridad sanitaria recaía en la Junta Suprema de Sanidad que en 1804 era presidida por el conde de Montarco, gobernador del Consejo de Castilla. Las medidas que se adoptaban en las epidemias seguían, por tanto, una jerarquía cuyo máximo exponente era la Junta Suprema de Sanidad, seguida de la Junta Provincial de Sanidad y la Junta Municipal de Sanidad.
Las autoridades municipales eran las responsables, en última instancia, de ejecutar las medidas convenientes en caso de epidemia y de los múltiples gastos que ocasionaban,que el propio municipio se veía obligado a asumir.
En contra del diagnóstico de una enfermedad epidémica ejercían presión los grupos con intereses económicos en la población, que a menudo coincidían con el poder local, puesto que las medidas adoptadas para controlarla fundamentalmente aislamientos paralizaban la vida comercial y laboral de la ciudad lo que provocaba numerosas pérdidas económicas y sumían en la miseria a gran parte de la población. Este último aspecto debía suponer para los médicos una gran responsabilidad puesto que si declaraban el estado de epidemia, sin tener la certeza absoluta, las medidas de aislamiento convertían en indigentes a gran parte de la población. Por ello, generalmente, una epidemia sólo se declaraba cuando era evidente e innegable”.Declarada oficialmente la epidemia, una de las primeras medidas consistía en aislar a la población afectada mediante el establecimiento de un cordón sanitario que pretendía evitar que las personas enfermas, o que hubieran tenido «roce» con enfermos, extendiesen el mal a otros lugares, así como impedir que las mercancías u objetos declarados contaminados salieran de la población. Personas, objetos y mercancías eran estrechamente controlados; los individuos que querían desplazarse debían tramitar unas patentes de sanidad que garantizaran su estado de salud, donde se hacía constar el lugar de salida y la filiación del sujeto; si conducía mercancías, debía especificarse su origen y naturaleza".


No tenemos datos a día de hoy de quiénes eran los componentes de las Juntas tanto Provincial como Local de Sanidad en el otoño de 1804. Ya en otras entradas del blog hicimos referencia a las mismas pero a finales del siglo XIX.
Otro día seguiremos hablando de epidemias en la ciudad de Ourense en el siglo XIX y primer tercio del siglo XX, y de cómo la sociedad y la medicina ourensana trataron de organizarse para combatirlas.
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Epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, 1871. Cuadro del pintor Blanes.