viernes, 5 de octubre de 2018

"Historias del manicomio de Vilapedre, Sarria, Lugo. Ricardo Núñez Rodríguez, un atípico protopsiquiatra de la Galicia del siglo XX

Ya hace unos años dedicamos un tiempo a recopilar y actualizar trabajos previos publicados por el psiquiatra Emilio González dedicados a la figura del médico psiquiatra Ricardo Núñez Rodríguez (Vilapedre, 1866-1958)  y a su labor al frente del manicomio rural de Vilapedre-Sarria-Lugo.

Edificio ya cerrado y abandonado del Manicomio de Vilapedre-Sarria. Foto de David Simón del año 2000. Tomado de Historias del manicomio de Vilapedre, Sarria, Lugo. Ricardo Núñez Rodríguez, un atípico protopsiquiatra de la Galicia del siglo XX"  ( ver trabajo aquí)

 Retrato de la orla de Medicina. Tomado de "Historias del manicomio de Vilapedre, Sarria, Lugo. Ricardo Núñez Rodríguez, un atípico protopsiquiatra de la Galicia del siglo XX"  ( ver trabajo aquí)


Todo eso fue publicado en 2008 como capítulo de un libro colectivo titulado  "La gestión de la locura: conocimiento, prácticas y escenarios : (España, siglos XIX-XX)", editado por la Universidad de Castilla-La Mancha y coordinado por José Martínez Pérez, Juan Estévez, Mercedes del Cura González y Luis Víctor Blas. El capítulo dedicado a Ricardo Núñez  se tituló "Historias del manicomio de Vilapedre, Sarria, Lugo. Ricardo Núñez Rodríguez, un atípico protopsiquiatra de la Galicia del siglo XX"  ( ver trabajo aquí)


Sello de Vilapedre de un documento de 1943  (AHPL)Tomado de "Historias del manicomio de Vilapedre, Sarria, Lugo. Ricardo Núñez Rodríguez, un atípico protopsiquiatra de la Galicia del siglo XX"  ( ver trabajo aquí)



Libro publicado en 1933 por Ricardo Núñez. La visión de Higia. Esparcimientos
En las últimas semanas asistimos a toda una serie de publicaciones de la prensa de Lugo que dan  noticias e información acerca del proyecto de reconocimiento al doctor Núñez con motivo del 60 aniversario de su muerte. Tal y como escribe Ana Casanova en El Progreso de Lugo (24 agosto 2018), el Seminario Vázquez Saco y La Unión de Sarria preparan un reconocimiento a un médico con el que Sarria estaba en deuda. 
Nos unimos desde este blog a ese homenaje y felicitamos a los que han llevado adelante la iniciativa del mismo
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Un nombre propio para la psiquiatría
El Progreso de Lugo | 24 de Agosto de 2018

Ricardo Núñez Rodríguez, natural de Vilapedre, fue una figura vital en la historia de la psiquiatría lucense. Al cumplirse 60 años de su muerte, el Seminario Vázquez Saco y La Unión preparan un reconocimiento a un médico con el que Sarria estaba en deuda

Ni nombramientos institucionales, ni dedicatoria de calles o del centro de salud ni otros tributos. Ricardo Núñez Rodríguez (Vilapedre, 1866-1958) desempeñó un papel fundamental en la psiquiatría al fundar en su localidad natal el primer hospital para enfermos mentales de la provincia de Lugo, pese a lo cual carecía de un reconocimiento que en parte quedará saldado en los próximos meses. Con motivo del 60 aniversario de su fallecimiento, el Seminario de Estudos Sarriaos Francisco Vázquez Saco, en colaboración con la sociedad La Unión, preparan una serie de actos para honrar la figura de este "médico alienista, bo e xeneroso", en cuya memoria lucirán sendas placas en la villa sarriana y el panteón donde reposan sus restos, en San Fiz de Vilapedre.

Ambas entidades pretenden así reconocer la contribución de un sarriano que, en su faceta profesional, "foi moi moderno, militando na antipsiquiatría mesmo antes de que se falase dese concepto", apunta el investigador sarriano Xaime Félix López Arias.

Ricardo Núñez nació en el seno de una familia de labradores de la aldea de Pereiro, cursó sus primeros estudios en las escuelas públicas de Sarria, continuó en Lugo y se formó como médico en Madrid, donde finalizó la carrera en 1892.

Según recogen en un artículo David Simón y Emilio González, a principios del siglo XX regresó a su casa familiar tras un período en el que ejerció la medicina en el Centro Gallego y el ayuntamiento de Madrid, además de colaborar en la lucha sanitaria contra una epidemia de cólera en Extremadura. De vuelta a Sarria, "se establece como médico general, convirtiéndose en uno de los médicos de cabecera más famosos de la comarca, práctica que nunca abandonó a lo largo de su vida profesional".

Corría la primera década del siglo XX cuando fundó un hospital para enfermos mentales pionero en la provincia de Lugo, conocido en sus orígenes como el "manicomio de Vilapedre", el cual estuvo en marcha hasta 1950 aproximadamente. Esta moderna institución, nacida de su propio patrimonio y sin ayudas oficiales, pronto se convertiría en un referente por las técnicas avanzadas que empleaba y su novedosa concepción en la atención a los internos.

Pero Ricardo Núñez no solo fue un precursor en la psiquiatría, sino que, de igual modo, demostró un gran interés en la enseñanza, lo que le llevó a crear una escuela en San Fiz de Vilapedre, a la que acudieron cientos de niños. Hombre preocupado por temas como la higiene, dirigió también la utilización de las aguas medicinales del balneario de Céltigos, fue socio de La Unión, presidió la sociedad cultural de A Pobra de San Xiao, escribió libros y promovió actividades de dinamización social como la Fiesta del Árbol en Vilapedre.

En su faceta política desempeñó los cargos de concejal y diputado, se identificó con las ideas progresistas y, según varios testimonios, a punto estuvo de ser represaliado, situación que evitaron sus vecinos con labores de vigilancia.

Conocidas de muchos sarrianos son simpáticas anécdotas del psiquiatra y uno de sus pacientes, quien le acompañaba en los desplazamientos en coche dirigiéndole en las curvas. La bondad y el trato humano eran dos de las características de este vecino, siempre dispuesto a ayudar y prestar atención médica "gratuita".

Así lo explica Victoria López, natural de su misma parroquia, quien, si bien por edad no llegó a conocer a Ricardo Núñez, tiene surtidas referencias por sus antepasados. "Meu pai sempre contaba que en tempos de necesidade, cando cocía o pan no forno da casa, deixaba a porta aberta para que a xente o pudiera coller sen ter que pedilo", narra esta vecina, quien se refiere al psiquiatra como una persona "entrañable", muy implicada socialmente "e que facía moito polos demais".

Según comenta, la escuela que fundó en Vilapedre no solo contaba con amplios ventanales (ante la creencia de que gran parte de los problemas de visión procedían de la falta de luz) sino también con una chimenea para dar calor. Incluso cuando el deterioro ya hacía mella en el médico, seguía visitando cando día el colegio, donde los alumnos se ponían en pie a su llegada y le recibían "con moita solemnidade, como merecía".

Ricardo Núñez falleció a los 92 años en la miseria. En homenaje a este "gran olvidado" está previsto organizar charlas y editar un folleto con su historia.

La institución que fundo Ricardo Núñez en Vilapedre fue muy avanzada en su época y contaba con biblioteca. Según indica Xaime Félix López, "non se usaban métodos de forza e utilizábase o traballo como terapia". El psiquiatra se  preocupó por integrar a los pacientes en la sociedad y por "practicar a vida comunitaria", comiendo con ellos.

Tras el cierre, el edificio quedó abandonado. En el año 2003 se restauró como hotel, después fue un club y hace unos meses se puso a la venta.

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https://www.elprogreso.es/articulo/noticias/la-figura-del-psiquiatra-ricardo-nunez-sigue-la-espera-de-reconocimiento/20171008000000685684.html


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Don Ricardo de Vilapedre
Juan Soto
ABC, Galicia. 24/09/2018 00:32h
Noticias procedentes de Sarria dan cuenta de que en esa villa antigua, rica y alegre», que dijo Barbeito, se preparan unas jornadas en homenaje a don Ricardo Núñez Rodríguez, personaje singularísimo, modelo de filantropía y figura destacada de la protosiquiatría española. Ahora, cuando se cumplen 60 años de su muerte, dos sociedades sarrianas, La Unión y el Seminario de Estudios «Vázquez Saco», ambas de gran significación y prestigio en toda la comarca, se disponen a afrontar la tarea de ponderar en su justa medida la obra y la personalidad de don Ricardo de Vilapedre, una figura en la que, como sucede muy a menudo, lo anecdótico ha acabado por engullir a lo categórico.

Sin beca oficial pero con algún auxilio de familia sarriana pudiente, don Ricardo, hijo de un modesto perito agrimensor, pudo cursar la carrera de Medicina en la madrileña facultad de San Carlos, prestigiada entonces por las resonancias claustrales de los nombres de Santiago Ramón y Cajal, José de Letamendi y Jaime Vera, el amigo de Pablo Iglesias. Si hubiera querido habría podido ejercer su licenciatura en la capital de España, donde sentó plaza primero de alumno diligente (la escasez de medios le obligó a conciliar estudios y trabajos esporádicos) y luego de profesional competente. Contaba además con el favor de don Alberto Aguilera, quien, por su cargo de gobernador civil de Madrid (antes de ser subsecretario, ministro y lo que se le pusiese por delante), sabía muy bien del riguroso trabajo que Núñez Rodríguez había llevado a cabo, apenas recién graduado, como organizador del servicio de higiene en el inframundo de la prostitución. De su sentido casi sacerdotal de la profesión han de beneficiarse también las familias de los socios del Centro Gallego, presidido entonces por Augusto González Besada, ministro en varias ocasiones, estudioso de la obra de Rosalía de Castro y diputado cunero por media docena de circunscripciones, de Cádiz a Lugo.

El brillo de la vida madrileña importa poco a un médico que quiere trabajar en su pueblo y para sus gentes. Al servicio de esa vocación lo entregó todo: desde la herencia paterna hasta su vida personal. Solo el transitorio desempeño de la plaza de inspector de Sanidad en Badajoz, una corta etapa como médico municipal en Láncara y episódicas incursiones en la política (tanto con el lerrouxismo cuanto con la Unión Patriótica sus actuaciones nunca se sujetaron a otra disciplina que la de su conciencia) le distrajeron de su verdadero propósito: crear un sanatorio para enfermos mentales, el primero que funcionó como tal en la provincia de Lugo, cuya dotación en atención psiquiátrica se limitaba entonces (año 1910) a una Sala de Observación de Dementes dependientes de la beneficencia municipal. Desde allí salían al manicomio de Valladolid o a la tumba.


En Vilapedre, don Ricardo, sin otro auxilio que sus ahorros y su tenacidad, levantó un «complejo» hospitalario, consistente en dos pabellones con sus dormitorios, cocina, aseos, comedor y salas de curación. La asistencia que se prestaba a los internos, resulta no ya avanzada para la época, sino revolucionaria. El enfermo gozaba de libertad para entrar y salir del centro, y los procedimientos de sujeción mecánica (camisas de fuerza, correas, etc), entonces muy en boga, apenas eran utilizados. En definitiva, lejos de un tratamiento represivo, lo que se practicaba era una terapia basada en la convivencia, las puertas abiertas y, «mutatis mutandi», una atención asentada en pautas que bien pueden considerarse anticipadoras de las años tarde preconizadas por los abanderados de la antisiquiatría.

Del «manicomio de Vilapedre» fue don Ricardo propietario, director y único facultativo. Ajeno por completo a todo interés económico, para ser admitido en el centro primaba un criterio: ser vecino de la comarca (aunque también fueron atendidos enfermos de toda Galicia) y carecer de recursos (si bien hubo asimismo pacientes de pago). Cuanto «toliño de aldea» era conducido a Vilapedre, allí se quedaba al cuidado de don Ricardo y de su hermana. Allí vivía y, en muchos casos, allí moría, olvidado de su propia familia.

Al igual que su admirado Jaime Vera, fue don Ricardo un infatigable apóstol del ejercicio social de la Medicina, cuyo sentido no tenía razón de ser si no se ponía al servicio de los más desamparados. Buen conocedor de la obra de Letamendi, era, al igual que el controvertido terapeuta catalán, partidario de la utilización de aforismos para transmitir su filosofía de la profesión y de la vida. Quizá dos de ellos basten como resumen de las consideraciones éticas que guiaron su conducta. Uno es el lema que abre su libro «La visión de Higia», compendio, un tanto heterogéneo, de su filosofía médico/humanista: «El trabajo útil y la grandeza de la patria requieren la salud del pueblo». El otro, contenido en la misma obra, constituye un breviario de su praxis terapéutica: «Mi libro es el enfermo».

Falleció don Ricardo en junio de 1958, a punto de cumplir 96 años. Ciego como los topos y pobre como las ratas.
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