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sábado, 26 de febrero de 2011

Homenaje en Redondela al médico socialista Alejandro Otero Fernández (Redondela, Pontevedra, 1888-México, 1953)

Imagen acto inauguración (tomada de Faro de Vigo)


Redondela estrena una exposición (organizada por Xuventudes Socialistas de Redondela) sobre el médico y político socialista Alejandro Otero Fernández. Ya anunciada en prensa hace unas semanas, fue inaugurada ayer en Redondela y al acto inaugural asistieron la diputada del PSOE por Ourense Elena Espinosa, el alcalde y el concejal de Cultura de Redondela y el organizador de la exposición. Estaba prevista la presencia del ministro de Justicia, Francisco Caamaño, pero no pudo ser al final por motivos de agenda.

 

A. Otero Fernández, 1931
Alejandro Otero Fernández 
(Redondela, Pontevedra, 1888-México, 1953). Estudia Medicina en Santiago de Compostela, donde se licencia en 1910 con premio extraordinario. Se especializa en Obstetricia y Ginecología. Fue profesor auxiliar de esta especialidad en la Universidad Central de Madrid en 1912. Pensionado por la JAE en Alemania y Austria para el estudio del cáncer de útero. En 1913 obtiene la cátedra de Obstetricia en la Universidad de Granada, de la que será rector en 1932. Afiliado al PSOE y a la UGT, fue concejal de Granada y diputado a Cortes por Pontevedra en 1931. También fue subsecretario del Ministerio de Defensa durante la Guerra Civil. Al terminar ésta se exilio a Francia, donde formó parte del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE). En marzo de 1940 viaja a México y, durante un año, trabajó como empleado administrativo en una fábrica por carecer de título. Posteriormente ocupó el cargo de Jefe de Servicio de Ginecología del Hospital Español y también tuvo abierta una importante consulta privada. Prosiguió en el exilio su actividad política llegando a ser vicepresidente del PSOE entre 1939 y 1945.

Algunas vinculaciones  de médicos ourensanos con el médico y político homenajeado:
G.Contreras, años 20
  • El médico Gustavo Contreras Cerdeiriña (Verín, Ourense, 1909-Vigo, Pontevedra,1975) era sobrino politico del doctor Otero.No termina la carrera de medicina en Santiago sino en Granada donde es acogido por la familia del doctor Otero. Al terminar la carrera en 1932 en Granada permanece por un tiempo especializándose en Ginecología y Obstetricia. En 1936 se establece como médico en Verín (Ourense). Consigue pasar desapercibido en los primeros meses tras el golpe de 1936 y pronto entra, quizás obligado, a trabajar en la Enfermería Militar de Cabreiroá (Verín), instalada en el Balneario de idéntico nombre. Al protestar por las condiciones en las que eran trasladados los heridos a Ourense y coincidiendo con el cierre de dicha Enfermería, es detenido el 27 de marzo de 1937 por un tiempo breve. Para salvarse de mayores represalias se enrola en el ejército de Franco y ejerce como oficial médico. Al terminar la guerra se colegia como médico en Ourense en febrero de 1940, y ejercerá desde 1941 como médico APD, primero en Lérida y luego en el ayuntamiento de Monterrey (Ourense). Desde 1950 era también especialista en Tocología. En 1963 se traslada a Lugo ejerce como médico del ayuntamiento de O Incio, de donde pasará a Baiona (Pontevedra) y también a Vigo, como médico de Citroen.
  • El padre del Dr. Otero Fernández era el Dr. Juan Otero Milleiro, médico en Redondela, y salvo error nuestro pensamos que es el médico al que hacíamos referencia en otra entrada del blog acerca de una intervención quirúrgica en ¿Ourense? en 1889. 
La Cátedra de Investigación Antonio Chamorro-Alejandro Otero (Universidad de Granada)
    La Cátedra de investigación Antonio Chamorro - Alejandro Otero, se ha creado en la Universidad de Granada para colaborar en la promoción de la investigación biomédica en todas sus facetas en general y, de manera especial, en aquellos aspectos relacionados con la ginecología y la endocrinología ginecológica, para facilitar la producción científica en temas historiográficos médicos y afines y canalizar estudios sobre Antonio Chamorro y Alejandro Otero y su época. Esta cátedra pretende colaborar en la financiación de proyectos en los ámbitos reseñados y será una estructura específica de la Universidad de Granada, de acuerdo con sus estatutos y normas vigentes.  

    jueves, 7 de enero de 2010

    ¿Debe el Estado buscar a García Lorca?

    (en la foto, Parque Federico García Lorca, Víznar (Granada). Al fondo a la izquierda de la foto, está el terreno en donde se supone que está la fosa de García Lorca)
    ¿Debe el Estado buscar a García Lorca? JULIÁN CASANOVA El País, 05/01/2010 La sublevación militar de julio de 1936 inauguró en España un tiempo sin ley. La obediencia a la ley fue sustituida por el lenguaje de las armas, el desprecio a los derechos humanos y el culto a la violencia. Bajo esas circunstancias, sin ley que obedecer, sin miedo al castigo, aparecieron por todas partes bandas de asesinos, amparadas por los militares, por terratenientes y burgueses asustados por la revolución, que organizaban cacerías y ajustes de cuentas. Esa oleada de terror, que dejaba a los ciudadanos allí donde caían abatidos, en las cunetas de las carreteras, en las tapias de los cementerios, en los ríos, en pozos y minas abandonados, acabó con la vida de Federico García Lorca. También con las de otros miles de personas, alcaldes, gobernadores civiles, presidentes de las Diputaciones provinciales, diputados elegidos por la coalición del Frente Popular en febrero de 1936, dirigentes sindicales y políticos, campesinos y trabajadores. Los muertos no cabían en los cementerios y por eso se cavaban grandes fosas comunes,cualquier lugar era bueno para matar y abandonar los cadáveres. Los asesinos ocultaron los cuerpos porque eso aseguraba su impunidad, borraba las pruebas del crimen. Además, como después ganaron la guerra, nunca tuvieron que dar explicaciones sobre su paradero porque nadie les pidió cuentas. Más de setenta años después, muchos de los familiares de esas víctimas no saben dónde están sus restos, desperdigados por lugares insospechados. Es normal que los busquen, que quieran desenterrarlos, obtener la satisfacción sentimental y simbólica de volver a enterrarlos con dignidad. Mientras no se desvele la suerte de sus antepasados, esa historia traumática seguirá presente entre ellos. ¿Qué puede o debe hacer el Estado democrático, sus principales responsables e instituciones, para gestionar ese pasado de violencia y muerte? Hay opiniones para todos los gustos. Están los que se ríen de quienes "remueven tierra buscando huesos", proponen pasar página, negar el recuerdo, cancelar el pasado. Aznar y Rajoy, voces autorizadas para millones de personas que piensan como ellos, lo repiten siempre que sale el tema: el Gobierno no puede dedicarse a tonterías como la memoria histórica o a la investigación sobre miles de desaparecidos en el pasado. Es la sombra alargada del legado ideológico de la dictadura de Franco, un legado pesado que regresa con diferentes significados, que actualizan desde la democracia sus herederos, políticos, periodistas o aficionados a la historia. Frente a la cancelación ideológica de ese pasado, hay quienes proponen su recuperación, también ideológica, basada en la memoria testimonial, de grupo, partido o asociación, en el recuerdo del acontecimiento contado por los contemporáneos y sus descendientes. Detrás de esa explosión de recuerdos, que muchos llaman memoria histórica, hay básicamente dos supuestos que la legitiman y le dan fuerza frente a la historia más profesional y científica: por un lado, que esos recuerdos cuentan cosas que la historia oficial, académica o salida de los documentos, nunca registró; por otro, que lo que hacen los recuerdos es colmar una necesidad irresuelta de justicia y retribución después de tantos años de silencio y olvido. Y nada mejor para ello que buscar los restos, localizar fosas, desenterrar a los muertos y volver a enterrarlos. Si se atiende a esa corriente de "recuperación de la memoria histórica", la búsqueda de los restos de Federico García Lorca no debería ser más importante o primordial que la de miles de campesinos o trabajadores que nadie recuerda o la de autoridades que sirvieron a la República y lo pagaron con sus vidas. Además, por lo que respecta a las víctimas de la Guerra Civil, una política pública de memoria y educación, decidida desde la democracia, debería tener en cuenta a todos los asesinados sin procedimientos judiciales ni garantías previas que hubo en las dos zonas, aunque sabemos, y hay que seguir recordándolo, que fueron los golpistas de julio de 1936 quienes provocaron la guerra, la ganaron e impusieron después una cruel dictadura en la que varias decenas de miles de vencidos, perdedores, acabaron también con sus cuerpos bajo tierra. El conocimiento histórico tiene que ir más allá de la memoria testimonial. Necesitamos una investigación exhaustiva sobre las circunstancias de la muerte y el paradero de todas esas víctimas de un tiempo sin ley, una agenda de investigación sobre los hechos todavía inexplorados y las personas sin localizar. Una parte de esa labor estaría ya resuelta si el Gobierno hubiera prestado la debida atención al requerimiento del juez Baltasar Garzón y hubiera creado una Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas por la violencia política durante la Guerra Civil y la dictadura de Franco. Los intereses políticos y judiciales del presente han dominado, sin embargo, sobre la necesaria comprensión y explicación de lo que ocurrió. La pregunta es si este Estado democrático que tenemos quiere o no poner los medios necesarios para restituir a las víctimas su identidad. Y no sólo a Federico García Lorca.
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    También en Ourense y en el resto de Galicia hay todavía muchas fosas con restos de víctimas de la represión franquista que esperan ser localizadas e identificadas.
    En la foto, uno de estos lugares: A Poula do Martiño - A Gudiña-Ourense. Es un terreno situado entre la A52 y la N-525, entre A Gudiña y el Mesón de Erosa.