miércoles, 16 de julio de 2014

Historias de ida y vuelta desde el exilio republicano en México: El Dr. Antonio Fernández Bouzas, el fotógrafo de interiores

Tuvimos hoy noticia de la iniciativa "Mapa colaborativo del Exilio español en México", organizado por El Centro Cultural de España en México (CCEMx) junto con Escoitar y  GPS Museum en el marco de las diferentes actividades organizadas para el Programa 75 años Exilio español,  en conmemoración del fin de la Guerra Civil española.

Desde el blog felicitamos a los organizadores y no nos resistimos a aportar algunas Stories de ida y vuelta del exilio ourensano-gallego en México que teníamos en modo "borrador" en nuestro blog.

DE "POR LA LIBRE" A "MI PADRE": Historia e historias de los médicos mexico-ourensanos Fernández (Fernández Carnicero y Fernández-Bouzas)
A pesar de ser primos de más o menos la misma edad, Rocco y Rodrigo no se soportan. Lo único que los une es su afecto incondicional hacia su abuelo, don Rodrigo Carnicero, un médico nacido en España quien adora a sus nietos y se siente decepcionado de sus propios hijos. La muerte del abuelo y la promesa de arrojar […]Supimos de la película "Por la libre" (2000, México) gracias al doctor José Luis Díaz (neurocientfífico mexicano y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua). Durante su breve estancia en Ourense para presentar su libro (Sementeira e memoria)  hace unos años, nos habló de esta película, que con guión de Antonio Armonía hacía referencia a un exiliado español en Mexico llamado Carnicero. 
El prestigioso guionista mexicano Antonio Armonía (Antonio Fernández Harmony), es nieto del médico ourensano exiliado a México en el verano del 36, Antonio Fernández Carnicero, y precisamente traía a la trama de "Por la libre" algunos de sus referentes familiares. Es una película que es una roadmovie de adolescentes actuales descubriendo la vida pero también algunos fantasmas y demonios personales y familiares.

https://www.youtube.com/watch?v=xCBftnFh6lM

http://www.peliculasmas.com/drama/10952/ver/por-la-libre-2000.html/


Hace poco descubrimos en Internet una entrevista con Antonio Armonía, en donde el nieto guionista mexicano continúa elaborando parte de su historia familiar. Ahí hace referencia a un proyecto sobre su abuelo y su padre, el también médico Antonio Fernández-Bouzas, pero en el cual no estamos ante una historia hagiográfica acerca del exilio sino ante una dura historia de violencia intrafamiliar. El proyecto de película se titula "Mi padre" y arranca desde al menos 2008 (ver algunas referencias en prensa). 

  • "Antonio Armonía platica sobre su acercamiento a la lectura y cómo ésta parte de su infancia lo condujo por el camino a la escritura, siendo miembro de una familia que siempre se ha involucrado en el arte, los treinta mil tomos que lo acompañaron en su infancia y juventud fueron determinantes para desarrollar su imaginación, apartándolo del gusto por la televisión.
  • Su trayectoria lo ha formado y reforzado como dramaturgo y guionista cinematográfico, algunos proyectos en los que ha participado son las películas "Por la libre" y "Morirse en domingo". Autor de "El Manual de la Manuela" el arte de masturbarse.
  • Actualmente trabaja en un proyecto español con gran significado sentimental, contado por su padre sobre su abuelo y escrito por él, en parte tributo a Cervantes, "El Quijote", libro que leyó su abuelo mil veces durante su vida.
  • Platica también sobre el nuevo género cinematográfico que están por iniciar, llamado "Realismo Extremo" aplicando la metafísica bajo el respaldo de uno de los grandes exponentes de dicho tema en la actualidad". 
  • Es una entrevista realizada por David Ladrón de Guevara en la Casa Fortaleza de Emilio "El Indio" Fernández, y publicada el 9/01/2014:Ver en http://www.youtube.com/watch?v=6W050SyUOlI 

Esta entrevista deja entrever una historia compleja, que está reescribiéndose/reformulándose, y que al menos compete a tres generaciones de esa familia Fernández Bouzas que se exilia a México a raíz del inicio de la Guerra Civil en España. 
El médico alaricano Antonio Fernández-Bouzas, y padre de Antonio Armonia, emigra por motivos políticos a México cuando tenía 4 años, en compañía de su madre, la maestra alaricana María Bouzas y de su hermano Roberto. Todos van a encontrarse con el cabeza de familia, el médico Antonio Fernández Carnicero, quien había salido exiliado de Ourense-España un año y medio antes debido al riesgo que corría su vida dada su militancia política en el Partido Comunista y la represión feroz y cruel desatada en Galicia por los sublevados fascistas (ver web http://vitimas.nomesevoces.net/en/).
El Dr. Antonio Fernández-Bouzas desarrolla toda su vida profesional como médico e investigador en neurodesarrollo, neurociencia y neurobiología en Cuba y en México (en el Instituto de Neurobiología de la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM en el campus Juriquilla, Querétaro)Es una figura que había permanecido con una trayectoria borrosa y desconocida para la medicina y la sociedad ourensana. En una búsqueda de sus trabajos nos salen mas de 58 publicaciones y 528 citas.
Quisimos saber algo mas de este médico ourensano-mexicano, y es ahí cuando en nuestra búsqueda por Google descubrimos que el Dr. Antonio Fernández Bouzas había fallecido en Septiembre de 2013.

"Fernández Bouzas: “El Fotógrafo de Interiores”".
Así se titula el precioso texto de homenaje que Antonio Armonía dedica a la memoria de su padre, el Dr. Antonio Fernández Bouzas, y que fue leído en un acto que organizó el  Instituto de neurobiología de la UNAM como homenaje al médico fallecido . 

Antonio Fernández-Bouzas (en el centro con barba blanca)


In memoriam del radiólogo Dr. Antonio Fernández Bouzas
por Antonio Armonía
http://www.inb.unam.mx/historias_noticias/2014/historia_drfdzbouzas.pdf
Enero 28, 2014
"En una biografía que escribí con mi padre sobre su vida y la de mi abuelo, traté de sintetizar la vida de mi papá desde un punto de vista objetivo y profesional, pese a que nunca se puede eludir el comentario personal. Ahora hablaré desde el punto de vista más subjetivo de todos: la amorosa mirada filial, no exenta de humor negro; a lo que seguramente Bouzas diría: “¿Y es que hay otro humor?”
No existe nada más fácil, ni más difícil a la vez, que escribir sobre una persona a la que se ama incondicionalmente. Por un lado, la persona que escribe se exige así mismo tanto cuanto ama y siempre queda la sensación de que las palabras no alcanzan a expresar ese amor en toda su extensión y desmesura. Así que lo mejor es quitarse de exigencias y dejar que hable el amor.
Sus grandes amigos, entre los que se cuentan varios de sus ex alumnos, hablan mucho de sus logros académicos y pedagógicos, pero como hijo considero que su logro más importante ha sido ser una buena y finísima persona, además de un gran y peculiar padre. Un hombre digno y cabal que siempre se preocupó más por ayudar a los otros que a sí mismo. Un hombre libre de convencionalismos sociales; enemigo de jerarquías y tratos preferenciales, siempre trató a propios y extraños con exquisita cortesía y afabilidad; refractario a toda forma de dogmatismo, menos al ateísmo que profesa; libre de prejuicios, salvo los razonables como contra el nazismo y los políticos mexicanos; jamás rindió pleitesía a nadie ni a nada sino a la virtud y al virtuosismo representado en la ciencia y en el arte. Adoptó la ética como credo y modo de vida. Hay que hacer lo correcto, aunque redunde en tu perjuicio. Valiente hasta el extremo de la demencia y defensor incondicional de todos los débiles, desamparados y oprimidos. Y pese a que vivió bajo los preceptos de los viejos filósofos griegos, su etología se aproxima más a la del Quijote. No en balde era su libro favorito. Y su carácter obstinado, terco y pertinaz, gallego al fin, encaja mejor en el patrón del desquiciado campeón de los débiles y desamparados que en el de un viejo contemplativo y preguntón como Sócrates.
Mi padre nunca se vio a sí mismo como médico, sino como un artista de la medicina, del mismo modo en que la concebían los griegos. Desde que yo recuerde, siempre se definió, no como radiólogo, sino como “fotógrafo de interiores”. Pero también veía la medicina como el arte de la anormalidad o de la anomalía por ponerlo en su fraseología particular. Apreciaba la belleza intrínseca de lo anormal, lo que Celine llama “la belleza de la fealdad”. Al grado que materializó ambas pasiones, medicina y arte, al combinarlas en una exposición que montó en el hospital Carlos J. Finlay con radiografías de plantas y seres humanos, y sus anomalías, intervenidas con dibujos a color y dibujos rayados sobre la placa de acetato, cuyo título creo recordar fue el de “Fotografía de interiores”.
Una faceta preponderante de su carácter es su fatalismo gallego, que no pesimismo como algunos creen. No es pesimista, pero tampoco optimista. Se podría decir que es un grado intermedio entre ambos, más cercano a la realidad que al idealismo. Su pesimismo es más bien realismo gallego que se contiene muy bien en el axioma: “Vivir es una mierda, pero morir es peor”, y si murió no fue por averiguarlo, se los aseguro. Por esta razón no le gustan sus cumpleaños, ni a nadie razonable agregaría yo, no por miedo a la muerte, sino por amor a la vida, y por un rechazo natural y comprensible a envejecer y a morir.
Siempre se ha vanagloriado de ser “ateo por la gracia de Dios”, al extremo de negar la probabilidad matemática de la existencia de Dios siendo científico. Con el paso de los años han crecido mis dudas sobre su ateísmo por la religiosidad con que lo profesa. Tanta vehemencia en negar redunda en una afirmación del concepto, pero no de la existencia. Sin embargo, su encono contra la religión no se asienta en una base ideológica o política, sino que parte de su negación a reconocer y a aceptar la existencia de un Ser superior al hombre, por su amor ilimitado a la humanidad y por lo defectuoso de la creación divina, que él habría mejorado de haber tenido la posibilidad.
Sin embargo, en sus momentos de irracionalidad, cada vez más raros en su vejez, le afloraba una veta hinduista en la que dotaba a los objetos de consciencia y voluntad. Me explicaré con una anécdota de Cuba. Cada vez que el Skoda (coche fabricado en Checoslovaquia) nos dejaba botados, lo cual ocurría a menudo, se enfurecía, se apeaba y le gritaba al coche: “¡Arranca cabrón o te doy una hostia!” Ante la checa reluctancia del coche a arrancar, le arreaba sus buenos madrazos. Luego mi madre le recriminaba: “¡Pero mira cómo dejaste el coche Toño!” “El cabrón no quiso arrancar”, respondía él con toda naturalidad. Y si eso no es animismo, yo no sé qué es.
En gran medida, yo soy un producto de su educación esotérica y divertida. Nos enseñó lo más florido del lenguaje callejero, todas las malas palabras, y lo más excelso de la poesía española y de otras literaturas, particularmente la norteamericana y la cubana. Yo lo acompañé muchas veces a la UNEAC donde se reunía con escritores cubanos a departir, entre ellos Lezama Lima y Jorge Onelio Cardoso. Recuerdo que el café que servían era muy bueno, aunque no me acuerdo de nada más.
De los recuerdos más vivos de mi temprana infancia emerge el olor particular de los teatros: a alfombra y telones húmedos, afeites, madera vieja y enmohecida. Esos recuerdos se los debo a mi padre. Cuando empezó a escribir, actuar y montar obras de teatro en el hospital Carlos J. Finlay en La Habana, yo tenía cuatro años. Varias veces a la semana yo lo acompañaba a los ensayos que eran en las noches y me quedaba dormido en las butacas viéndolo actuar y dirigir a la vez sus propios textos. Casi por obligación estaba constreñido a escribir teatro político con una marcada influencia del teatro clásico griego y de Brecht. Ganó varios premios nacionales de teatro con sus montajes en Cuba durante los años sesenta.
De ahí viene mi vocación dramatúrgica y dramática. Desde niño me introdujo en el teatro clásico, me hizo leer a Brecht y a Beckett; sus admiraciones, entre muchos otros. A la edad de siete años me llevó a ver “Un perro andaluz” de Luis Buñuel. Tuve pesadillas por varias semanas, por el ojo cortado del inicio, pero le agradezco las pesadillas infinitamente por haberme dado otra influencia definitoria en mi vida. Fuimos cientos de veces al cine juntos; otro espacio que nos pertenece por derecho de uso, así como el teatro. Pero no sólo nos llevaba a mi hermana y a mí; arramblaba con toda la pandilla de la cuadra. Y los domingos nos llevaba a todos a la playa. Eran playas que distaban 40 minutos de La Habana. Llegamos a ser catorce niños en un VW. Uno de ellos, mi hermano cubano, Héctor Gómez de As, apodado Tico, lo empezó a llamar “el Bouzas” por amor, y así se le quedó.
Defendía sus prejuicios, nacidos de una bondad natural, hasta el extremo del ridículo y con la vehemencia de un Quijote obcecado por el bien y la justicia. En un partido de fútbol entre Checoslovaquia y Alemania, Tico y yo le íbamos a los alemanes y mi papá a los checos; “jamás a los nazis”. Ganó Alemania y se puso tan furioso que rompió una puerta, porque “todos los alemanes son unos nazis de mierda”. Cuando mi madre le dijo: “Son alemanes de la República Democrática Alemana, Toño”, respondió airadamente: “¡Nazis comunistas, coño!”
No obstante, supo hacer de su principal defecto, la extrema violencia, una virtud; pues siempre la ejerció contra el abuso en cualquiera de sus manifestaciones, y para defenderse a sí y a otros. A pesar de haber sido un niño muy maltratado por su padre, jamás nos puso un dedo encima, ni a nadie que él quisiera. Por el contrario, ahí donde hubiese una situación de abuso de cualquier tipo, mi padre intervenía como campeón de los ofendidos: un Quijote redivivo. Ni jamás agredió a nadie sin ser agredido previamente.
Y aunque nunca comenzó una bronca, sí las acababa todas, ¡y de qué manera! Cuando se enfadaba conmigo, lo cual no le costaba ningún trabajo, Bouzas dirigía su violencia contra los objetos; lo cual, lejos de impresionarme, me resultaba cómico, porque sabía que era su manera de descargarse. Y llevó su virtuosismo de la violencia al grado de escribir un guión conmigo donde se muestra tal como es, sin melindres ni escrúpulos, con una franqueza y un valor admirables que elevan su autoridad ética y moral muy por encima de su defecto.
El guión titulado “Mi padre” justamente versa sobre la conflictiva relación con su padre que lo masacró a golpes. Si al principio se resistió a contarme, “con el trabajo que costó olvidarlo, no me jodas”, finalmente lo persuadí de que era necesario que comprendiéramos la etiología del patrón del abuso físico para poder romper con la cadena de violencia dentro de la familia, porque aunque él no nos hubiese pegado, sí había puesto un ejemplo de violencia, por lo cual yo era violento. Y para poder romper la cadena de violencia y hacer que mi hija fuese un ser totalmente pacífico, necesitaba comprender el origen de la violencia en nuestra familia para extirparlo. Además de que la colaboración nos acercaría aún más y el ejercicio le serviría para trabajar sobre ese aspecto negativo, el único diría, de su carácter.
Mi padre siempre me alentó a la experimentación, a salir de la vorágine de la reiteración. No me educó para que escribiera buen cine nada más, sino para que inventara nuevas maneras de escribirlo como una vez me dijo. Así que nos inventamos un nuevo estilo cinematográfico que se adecuara a las características del relato mnemónico, un realismo a ultranza, al que llamamos “realismo extremo”, emparentado con “el conceptismo tan español” como dijo Borges de Unamuno, otro devoto de El Quijote; autores todos caros a Bouzas y a mí.
La idea lo entusiasmó y emprendimos la escritura del guión que se sigue reescribiendo como la vida misma. Todos los conocedores del oficio que han leído el guión admiran la valentía y la honestidad de mi padre, pero más de admirar es el trabajo emocional y conductual realizado por nosotros, al haber logrado erradicar la violencia del núcleo familiar; sus nieta, Rita, es una pacifista, al extremo de negarse a pegarles a las piñatas. Le parecía un acto de auténtico salvajismo.
Pocos padres se hacen acreedores de una película inspirada en su vida y no conozco otro que se haya sentado con su hijo y le haya abierto el corazón con tal franqueza. A mi padre, a mi esposa Mónica y a mi hija Rita les debo la vida. A él le hago la película como homenaje a su paternidad y se la dedico a mi esposa recientemente fallecida y a mi niña, porque mi hija, mi esposa y mi padre han sido y son los seres de mi vida. Te amo papito, y te extraño…" (tomado de http://www.inb.unam.mx/historias_noticias/2014/historia_drfdzbouzas.pdf
Enero 28, 2014).



"La comunidad del Instituto de Neurociencias de la Universidad de Guadalajara lamenta profundamente la sensible pérdida del Dr. Antonio Fernández Bouzas, investigador de la UNAM, quien fuera cercano colega y colaborador de nuestra institución. México, Cuba y España pierden a un profesor incansable, devoto atleta de las artes marciales, culto y lúcido investigador, comprometido amante de la Radiología y otros medios de imagen, autor de innumerables contribuciones científicas, pero sobretodo, a un padre dedicado y generoso amigo. Descanse en paz, Maestro!" (tomado de http://www.ineuro.cucba.udg.mx/articulo.php?id=152)


ESPEREMOS QUE PRONTO PODAMOS VER EL FILME "MI PADRE" DE ANTONIO ARMONÍA Y CONOCER ALGO MAS DE ESTAS HISTORIAS DEL EXILIO, HISTORIAS DE IDA Y VUELTA.


Foto del médico ourensano Antonio Fernández Carnicero en México, años 40. (arch. familia). Médico exiliado en 1936 y activo militante del Partido Comunista en Ourense hasta el inicio de la Guerra Civil. En uno de los números de la revista "Cadernos de Atención Primaria" (2010) en el trabajo "Os nomes do exilio (médico, republicano, galego)".




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ALGUNOS ENLACES SOBRE ESTAS STORIES:

  • http://diariodeunmedicodeguardia.blogspot.com.es/2009/10/el-colectivo-redes-escarlata-rindio.html
  • http://diariodeunmedicodeguardia.blogspot.com.es/2010/10/libros-medicos-magos-articulo-de-fermin.html
  • http://diariodeunmedicodeguardia.blogspot.com.es/2011/12/los-nombres-del-exilio-os-nomes-do.html
  • http://diariodeunmedicodeguardia.blogspot.com.es/2011/11/o-incio-lugo-recuerda-su-medico.html




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